lunes, 16 de junio de 2014

Un viaje al paraíso de tu belleza

El suave aroma de tu piel
es el perfume de una reunión de rosas.
Tu jardín de hermosas flores rebosa
y te adornan con el color de la miel.

Tus brazos son ríos desembocando
en la tibia delicadeza de tus manos,
que me alejan de este mundo insano
a paraísos de ángeles cantando.

Si tuviera que compararte te compararía con el cielo,
mas tú  no tienes comparación
y en mis absurdos no controlo la admiración
que atraviesa mi piel caliente en hielo.

Si sólo tuviera atado a mi brazo una escalera
Escalaría hasta la montaña más alta y dejaría caer flores
Y te dibujaría castillos con enormes torres
para que gobiernes como reina y me gobiernes a tu manera.

Si ahora me matas estaré feliz de haberte conocido
Seré un espectro alegre en la tierra de los olvidados
Todo me hará sentir agradado
Por convertirme en llama y haberme consumido.


sábado, 14 de junio de 2014

Ausencia

La música golpea mis oídos
Son voces, extendidas detrás de un papelillo
Los acordes a hastío y desaire
Hacen una botella aun mas desgastada

Te toca vaciar el destilado
Te toca ponerte en mi lugar
En el lugar que se encuentra la copa:
Vacía.

Estas tu, majestuosa
Aburrida de ser reina
De reinar en el palacio de tus amores
De disponer del tiempo de otros.

La vida hace de sus horas sorpresas
Las que me atraviesan a cada rato,
No es necesario decir
Que estas dispuesta a crear mas tiempo.

Con los ojos semiabiertos
Veo la botella que baja hasta su base
Que baja sin tocar el infierno
Que baja con cautela y con recelo

De ver mis ojos morir
Como un peón mas

En el palacio de tus amores.

Mayo

La mañana es fría, se desdeña la humedad quien ríen con lo estival
Prefiero estos barcos atracados que el viento sin mesura intenta moverlos.
Es fría. Cada mañana. La ausencia.
Miro como trato de sostener mis ideas y mis impulsos.
No estas aquí. No estarás aquí.
Esta mañana atraviesa los barcos y los deja estáticos.
Miro con desconfianza como algunos se van y se pierden. Los botes quedan.
Los perros ladran. Mi chaqueta se humedece.
Cuanto invierno hay en cada recuerdo.
Cuanto frio heló mi piel con tu partida.

Cuan eterna será esta vida a medias.

domingo, 29 de diciembre de 2013

II

Primera parte:

                Es un nuevo día para el espejo de Pamela. El reloj despertador lo echa todo a perder nuevamente cuando las cosas estaban resultando más fáciles para los agotados ojos de la muchacha que hace un mes había perdido una mitad de su cuerpo, lo que era su impulso para vivir. Los ojos enrojecidos a las cinco de la mañana producto del insomnio no era más que la realidad más cruel y nefasta que una mujer con seis meses de feliz matrimonio le pudiera ocurrir. Su esposo había muerto trágicamente. Aún tiemblan sus manos y se retuerce entre las sabanas esperando que un rayo le atraviese el corazón y le queme las arterias, así dejaría de vivir lo que ya no llama vida. El reloj pareciera estar dotado de una extraña forma de sarcasmo impulsado por malignos mecanismos que hacen derramar otra lágrima más de los perdidos ojos de Pamela. Aún así con sus manos apretando esa almohada que un día albergó los suaves cabellos de su único amado se levanta hasta ponerse completamente de pie. Camina hasta la ventana y el amanecer gris  de las nubes es el techo de una lluvia que cae sobre la ciudad. La mira con un semblante decepcionada del tiempo mientras abre poco a poco las ventanas de su apartamento ubicado en el quinto piso de un edificio.
             Como si desayunara una carga de emotivos recuerdos sus lágrimas caen por sus mejillas hasta romper en el fondo de la taza de café que se sirvió hace tres minutos. Un acompañamiento perfecto sería una de esas pastillas que guarda dentro del botiquín, lo aliviarían todo, tal como mencionó el psiquiatra. Calmar la ansiedad. Ha notado los efectos desde que las toma y sabe la cantidad que debe tomarse al día. No es ningún juego que tome una adicional, desconoce lo que le provocaría, pero a esas alturas de las circunstancias qué más da.

              Sus pasos arrastrados y su mirada perdida se detienen frente al espejo del baño y frente a la etiqueta del frasco. La lluvia cae con más intensidad que hace media hora atrás y es lo único que le es limpio escuchar si proviene de la naturaleza, todo lo demás le parece hastío. Hasta su respiración que tantas veces se confundió en el pecho de Aníbal le parece un cruel recuerdo. La mano izquierda con rigidez se apoya en el lavamanos y la etiqueta del frasco la ha repasado más de quince veces. “Aún no, para cuando no me queden más fuerzas” musitó. Se tomó la correspondiente y guardó el fármaco en el lugar de siempre. Era un prozac fenomenal, en tan sólo un par de minutos la visión del día comenzó a mezclarse con los colores de la televisión encendida. El día comenzó una vez más....

martes, 26 de noviembre de 2013

Actualización de emociones

Cuando las cosas se pudren es mejor buscar una pala y enterrarlas, si se trata de un órgano del cuerpo humano (sobre todo si es el corazón) luego de enterrarlo arrojar suficiente cal para que no despidan los malos olores de un corazón roto.... Sin lápida, así no habrán registros del paradero de un sentimiento quebrado por una algo que dijo ser - algún día - su complemento.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un fragmento de mi segunda novela: Pamela que tragicamente a perdido su esposo al inicio de la novela se ve envuelta en un intimo momento de angustia y soledad. Un momento que en lo personal me costó escribir.
Es parte del capitulo III, poco despues de que Pamela le cambie la vida con la llegada de un nuevo personaje.
Espero les guste.


"  Encendió las luces del árbol de navidad como lo había hecho las últimas noches. Pamela no entendía porqué lo hacía ni porqué lo había armado y con tanta dedicación le había puesto todas las figuras, incluso había comprado nuevas y puesto una guirnalda dorada que le había regalado Carla una semana atrás. Las luces intermitentes en el reflejo de la ventana era algo que Pamela le causaba alteración; de un recuerdo que no se podía desprender. Encendió la televisión y revisó los canales del cable para ver cuan navideña estaba la programación a pocas horas de celebrar la noche buena. Se detuvo en un concierto de Ray Coniff subiéndole un poco el volumen para escucharlo desde el baño. El botiquín abierto y el vidrio empañado no reflejaban a la mujer en la tina de baño. Un frasco abierto y una pastilla menos. Las luces seguían intermitentes en el living.
Se dio un baño de tina y el psicotrópico estaba a un costado de ella, al lado de una vela encendida, frente a una crema de coco. Pamela la veía y no quería tomársela. Evitaba que pasara por sus ojos esa imagen. El agua caliente cubría la desnudez de su tímido y retraído cuerpo. Se miraba con desdeño de si misma. Al lado de ella, en una silla, dejó una cerveza importada que había guardado en el refrigerador desde hacía semanas. Una cerveza que tenía los días de la última compra en el supermercado con Aníbal.
Fue un momento crítico, si bien no podía mezclar el alcohol con las pastillas que le recomendó el psiquiatra, decía para sus adentros que no le hacía daño y sentía el efecto de estar bien o mejor, pero nunca mal. Se justificaba diciendo que podía llevar mejor sus noches si bebía algo, decisión que Carla avalaba y respaldaba.
Llenó un poco más la tina de agua, el vapor se escapaba por la puerta entreabierta y en la televisión ya no se escuchaban los villancicos. Había pasado largo rato.
- Aníbal…Aníbal…. ¿donde estás?
Estática miraba la luz de la vela consumiéndose y el fármaco a su lado. Con la voz quebraba musitó:
- Aníbal, ven a pasar la navidad conmigo....
Rompió en llanto.
Comenzó a llorar incontrolablemente dando golpes con sus manos en la muralla y patadas en el agua. Gritó un grito de dolor, desde su alma. Creía que ya no podía más. De pronto, entre esa batalla por mantenerse racional o hacer una locura que jamás podría contar, su celular comenzó a sonar. No contestó al primer llamado, dejó que el ruido se mezclara con el de la televisión. Se levantó desde el agua, se cubrió de no se quién como ella pensó mientras se envolvía con su toalla blanca y caminó hasta su cama donde estaba su celular. Volvió a sonar. Era el número de Carla en el parpadeo de la luz en la pantalla.
- Pamela, que bueno que me contestaste, estaba esperando que me llamaras, es tarde, y vamos a llegar tarde a la cena, estás lista supongo.
Se hizo presente una pausa de cuatro segundos.
- Pamela… ¿estás ahí? – insistió.
- Si, discúlpame, Carla, no estoy bien.
- ¿Estas en tu departamento?
- Si, ya no quiero nada mas, quiero que vuelva, lo quiero aquí, y verle sus ojos en esta noche.
- Amiga, quédate tranquila, en diez minutos estoy allá. No hagas nada, espérame.
Colgó y Pamela se quedó mirando el celular. Entrando en razón y ordenándose mentalmente, volvió al baño y se tomó la pastilla. Carla tocó la puerta en el tiempo que había estimado en llegar. Pamela ya se encontraba vestida con un traje de noche de color negro, una cartera pequeña y tacos de charol.
- Amiga, luces espléndida – manifestó Carla cuando vio a su amiga luego que cerró la puerta.
- Gracias, nunca me había puesto este vestido.
- Te ves guapísima, pero, quiero que me digas que te pasa, estás demacrada, tienes los ojos hinchados.
. Aun no me maquillo, estuve llorando en el baño, me siento pésimo, hoy he recordado mucho a Aníbal.
- Te tomaste la…
- Si, hace un momento, antes que llegaras…no se si pueda con esto, no sabes la falta que él me hace.
- Amiga, no estés así, ahora nos vamos a distraer, recuerda que vamos donde mi madre y esta es la única fecha que me ve bien vestida, mira que te tengo un regalo muy lindo – sonrió tocándole el hombro.
- Haré lo posible, de todas formas ya estoy con la pastillita sobre el cuerpo, así que no te preocupes, en un rato se me pasará.
Volvió al baño y se retocó los labios, el rimel hizo un gran trabajo en reconstruir los apagados ojos de Pamela."


miércoles, 14 de marzo de 2012

Letras

esto lo escribí hace un tiempo...  quedó bien, como para dedicarlo.

"....Las horas pasan lentas. Se adormece el tiempo y se confunde en la letanía de una tarde que implora una nocturna redención. Una voz que apacigüe el frío de los invernales respiros en la ciudad. El frío causa desdeño de los más escépticos, la jornada estival sería propicia, caminar por la orilla de un mar que hace un tiempo fue inclemente con este territorio, un mar que se ha robado tantas huellas y tantos poemas. Debo pronunciar tu nombre si quiero ver la noche llegar, debo imaginarte en estas trémulas manos recorriendo tu geografía y que un beso haga perpetua residencia en tu pecho. El reloj con su mirada infausta e irreversible se vuelve contra mí como un bufón en un palacio de cortinas doradas. Es gélido. La luz que espero y en la oscuridad se desvanece. ¿Estás? ¿No sería mejor volver a encerrarnos en el cuarto?
Muros de otoño son el panorama de esta tarde eterna. Las horas transcurren con su tic tac de enfermizo sonido. Ah, si tu voz tocara mi oído, se construiría una población de abrazos y sensaciones al despertar. Si tu voz me tocara la frente habría más color en esta tarde. Espero el domingo, en la mañana, aferrado al aroma y la tibieza de tu piel, haciendo esa escultura de dos cuerpos unidos, por el frío, por la ternura, por el amor que nos prometimos en algún día frente a los grandes y pequeños barcos en el puerto de Valparaíso. Se hace más fácil, ahora, la tarde que fluya, ahora que te imagino y recuerdo las tardes porteñas, y cuantos otros centenares de momentos inolvidables ¿recuerdas? Será mejor que deje a esta tarde que se tome todo el tiempo que desee. Yo te veré en un momento. Aunque parezca largo. Pero se que estarás ahí, y ese abrazo que nos damos ninguna tarde me lo arrebata...."