jueves, 22 de abril de 2010

El vino de la desesperación

Tantas gotas de vino en la alfombra marrón
Son las gotas brotando de mis venas encendidas
Líquidos mezclados con mis ansias entorpecidas
Por una conducta arrastrada por mi alocada razón

Aun así, me considero un arcángel,
Expulsado del cielo del creador.
Me ha visto como un detractor
Que me anclaría a la pared de una cárcel.

Me propago como el fuego
Porque los incendios que construyo
Son llamas de las cuales no huyo,
Las que sólo notaría un ciego.

Esas llamaradas de un bosque en desastre
Las he provocado para que me veas
Tú sabes que soy yo quien las crea
Para atraerte a este mundo que quiero mostrarte.

Tú puedes entrar a los incendios
Tú puedes apagarlos y volver a encenderlos.
Te regalo una preciosa llave que ayuda a promoverlos
Y la dejo sin copia para no parecer un asedio.

El vino cómplice me ve perecer
Está volviéndose aun más rojo como tu boca
Esa boca que veo en el fondo de la copa,
La que extraño ver cuando no hay más gotas que beber.

Y los insomnios no son más que tuyos
Donde el sonido nocturno no lo dejo al margen
Aun así yo se que eres tu, por tu perpetua imagen,
Y por el recuerdo de tu voz, convertida en murmullo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El abismo del SUICIDA

He recorrido los bosques de tus encantos
y he encontrado las pálidas nubes de tu mundo,
si eres la voz que confundo en el abismo profundo
deja que me desangre mientras te dedico mis cantos.

El invierno me abrazó hasta la locura
creyendo que vivirías en las estrellas rojas que te construí,
abandonaste mi beso eterno y no lo presentí,
forjaste en mi las mejores de las torturas.

En sopor caí al infierno de la desolación
te busqué entre puentes, lamentos y abominables criaturas
lejano estaba de tu piel de luz esta mente que huía de la cordura
pensando en tu inmortalidad generé una gran transformación

Al fin encontré tu cuerpo y tu enfermiza sonrisa:
con el hacha del amor te separé en siete partes,
disfruté de tu nuevo ser en seis frascos grandes
mas tu tórax lo besé y en llamas lo convertí en cenizas

Tu despreciable rostro junto con tus pies y manos
se pudrieron en los frascos y dieron a parar en un lugar olvidado
lejos de mis ojos y mis pensamientos mutilados,
ya sentía el alivio de sentirme sano.

Es extenso el infinito desierto de la muerte,
los caminos son muros que caen del cielo como piedras,
es el perfume de tu cadáver que yace entre las hierbas
el que me sonríe y me brinda la odiada suerte.

La conciencia me provoca reiterados vómitos
y te aplasto con las paredes de mi mente
mas me persigue tu espectro y me acarrea la muerte
veo tu descuartizado cuerpo y quedo atónito.

La cuerda en la viga con impaciencia me atrae
y la silla que me sostiene se empieza a voltear
la lápida me espera y la policía por la fuerza intenta entrar
cerrando mis ojos golpeo la inerte silla y al fin mi cuerpo cae.