miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un fragmento de mi segunda novela: Pamela que tragicamente a perdido su esposo al inicio de la novela se ve envuelta en un intimo momento de angustia y soledad. Un momento que en lo personal me costó escribir.
Es parte del capitulo III, poco despues de que Pamela le cambie la vida con la llegada de un nuevo personaje.
Espero les guste.


"  Encendió las luces del árbol de navidad como lo había hecho las últimas noches. Pamela no entendía porqué lo hacía ni porqué lo había armado y con tanta dedicación le había puesto todas las figuras, incluso había comprado nuevas y puesto una guirnalda dorada que le había regalado Carla una semana atrás. Las luces intermitentes en el reflejo de la ventana era algo que Pamela le causaba alteración; de un recuerdo que no se podía desprender. Encendió la televisión y revisó los canales del cable para ver cuan navideña estaba la programación a pocas horas de celebrar la noche buena. Se detuvo en un concierto de Ray Coniff subiéndole un poco el volumen para escucharlo desde el baño. El botiquín abierto y el vidrio empañado no reflejaban a la mujer en la tina de baño. Un frasco abierto y una pastilla menos. Las luces seguían intermitentes en el living.
Se dio un baño de tina y el psicotrópico estaba a un costado de ella, al lado de una vela encendida, frente a una crema de coco. Pamela la veía y no quería tomársela. Evitaba que pasara por sus ojos esa imagen. El agua caliente cubría la desnudez de su tímido y retraído cuerpo. Se miraba con desdeño de si misma. Al lado de ella, en una silla, dejó una cerveza importada que había guardado en el refrigerador desde hacía semanas. Una cerveza que tenía los días de la última compra en el supermercado con Aníbal.
Fue un momento crítico, si bien no podía mezclar el alcohol con las pastillas que le recomendó el psiquiatra, decía para sus adentros que no le hacía daño y sentía el efecto de estar bien o mejor, pero nunca mal. Se justificaba diciendo que podía llevar mejor sus noches si bebía algo, decisión que Carla avalaba y respaldaba.
Llenó un poco más la tina de agua, el vapor se escapaba por la puerta entreabierta y en la televisión ya no se escuchaban los villancicos. Había pasado largo rato.
- Aníbal…Aníbal…. ¿donde estás?
Estática miraba la luz de la vela consumiéndose y el fármaco a su lado. Con la voz quebraba musitó:
- Aníbal, ven a pasar la navidad conmigo....
Rompió en llanto.
Comenzó a llorar incontrolablemente dando golpes con sus manos en la muralla y patadas en el agua. Gritó un grito de dolor, desde su alma. Creía que ya no podía más. De pronto, entre esa batalla por mantenerse racional o hacer una locura que jamás podría contar, su celular comenzó a sonar. No contestó al primer llamado, dejó que el ruido se mezclara con el de la televisión. Se levantó desde el agua, se cubrió de no se quién como ella pensó mientras se envolvía con su toalla blanca y caminó hasta su cama donde estaba su celular. Volvió a sonar. Era el número de Carla en el parpadeo de la luz en la pantalla.
- Pamela, que bueno que me contestaste, estaba esperando que me llamaras, es tarde, y vamos a llegar tarde a la cena, estás lista supongo.
Se hizo presente una pausa de cuatro segundos.
- Pamela… ¿estás ahí? – insistió.
- Si, discúlpame, Carla, no estoy bien.
- ¿Estas en tu departamento?
- Si, ya no quiero nada mas, quiero que vuelva, lo quiero aquí, y verle sus ojos en esta noche.
- Amiga, quédate tranquila, en diez minutos estoy allá. No hagas nada, espérame.
Colgó y Pamela se quedó mirando el celular. Entrando en razón y ordenándose mentalmente, volvió al baño y se tomó la pastilla. Carla tocó la puerta en el tiempo que había estimado en llegar. Pamela ya se encontraba vestida con un traje de noche de color negro, una cartera pequeña y tacos de charol.
- Amiga, luces espléndida – manifestó Carla cuando vio a su amiga luego que cerró la puerta.
- Gracias, nunca me había puesto este vestido.
- Te ves guapísima, pero, quiero que me digas que te pasa, estás demacrada, tienes los ojos hinchados.
. Aun no me maquillo, estuve llorando en el baño, me siento pésimo, hoy he recordado mucho a Aníbal.
- Te tomaste la…
- Si, hace un momento, antes que llegaras…no se si pueda con esto, no sabes la falta que él me hace.
- Amiga, no estés así, ahora nos vamos a distraer, recuerda que vamos donde mi madre y esta es la única fecha que me ve bien vestida, mira que te tengo un regalo muy lindo – sonrió tocándole el hombro.
- Haré lo posible, de todas formas ya estoy con la pastillita sobre el cuerpo, así que no te preocupes, en un rato se me pasará.
Volvió al baño y se retocó los labios, el rimel hizo un gran trabajo en reconstruir los apagados ojos de Pamela."


miércoles, 14 de marzo de 2012

Letras

esto lo escribí hace un tiempo...  quedó bien, como para dedicarlo.

"....Las horas pasan lentas. Se adormece el tiempo y se confunde en la letanía de una tarde que implora una nocturna redención. Una voz que apacigüe el frío de los invernales respiros en la ciudad. El frío causa desdeño de los más escépticos, la jornada estival sería propicia, caminar por la orilla de un mar que hace un tiempo fue inclemente con este territorio, un mar que se ha robado tantas huellas y tantos poemas. Debo pronunciar tu nombre si quiero ver la noche llegar, debo imaginarte en estas trémulas manos recorriendo tu geografía y que un beso haga perpetua residencia en tu pecho. El reloj con su mirada infausta e irreversible se vuelve contra mí como un bufón en un palacio de cortinas doradas. Es gélido. La luz que espero y en la oscuridad se desvanece. ¿Estás? ¿No sería mejor volver a encerrarnos en el cuarto?
Muros de otoño son el panorama de esta tarde eterna. Las horas transcurren con su tic tac de enfermizo sonido. Ah, si tu voz tocara mi oído, se construiría una población de abrazos y sensaciones al despertar. Si tu voz me tocara la frente habría más color en esta tarde. Espero el domingo, en la mañana, aferrado al aroma y la tibieza de tu piel, haciendo esa escultura de dos cuerpos unidos, por el frío, por la ternura, por el amor que nos prometimos en algún día frente a los grandes y pequeños barcos en el puerto de Valparaíso. Se hace más fácil, ahora, la tarde que fluya, ahora que te imagino y recuerdo las tardes porteñas, y cuantos otros centenares de momentos inolvidables ¿recuerdas? Será mejor que deje a esta tarde que se tome todo el tiempo que desee. Yo te veré en un momento. Aunque parezca largo. Pero se que estarás ahí, y ese abrazo que nos damos ninguna tarde me lo arrebata...."